Procedencia
La obra fue cedida en comodato por la artista en el contexto de la exposición Babarovic-Langlois, realizada en Galería Gabriela Mistral en noviembre de 1993.
Ingresó al Estado en septiembre del 2014

Sobre la Obra
Más allá de la representación minuciosa del referente, lo que define el arte de Babarovic es su intención de recuperar el valor pictórico que tiene una foto. Lo que le interesa transmitir, es esa especie de aura que anima toda fotografía: la certeza de que el instante capturado nunca más regresará, pero al mismo tiempo, la comprobación de que está ahí, registrado, como un doble de la realidad. Las fotos que su abuelo Bosko Babarovic tomó en la década del 70 y que ella rescató de cajas polvorientas han sido un referente fundamental de su obra. Se trata de imágenes sin interés aparente que registran objetos, paisajes y episodios que suelen ser desechados por la estética fotográfica, como la manilla de una puerta, la perspectiva de una carretera o una piscina vacía. Esta atención sobre lo que parece aburrido, esa sospecha de que no pasa nada, pero podría pasar todo, es lo que impregna sus pinturas. Muchas zonas de sus cuadros se encuentran borroneadas, apenas sugeridas, mientras que otras se definen y entregan claves de un acertijo que el observador, echando mano de su propio imaginario, deberá descifrar. Será por eso que no impactan directamente a la retina, sino que tocan el inconsciente de quien las mira, conectándolo con la familiaridad de algo cotidiano que creía olvidado.

Catalina Mena