La Fundación

José Ulloa Acosta
Octubre/2018

“Fuimos, en esa fortuna pasada, lo que el territorio designaba: Una existencia digna que este nos proponía y que podíamos presenciar si subíamos a la montaña más alta para sentir la inmensidad abismal de las distancias necesarias, aquellas llenas de respeto. Por lo menos así, la naturaleza nos mantuvo vinculados a su esencia. Luego esta coexistencia sería una quimera, ya que solo bastaba con esperar para ver el surgimiento de las herramientas que la domesticarían. Hace muchos años que no somos la naturaleza porque la ambición nos invadió, burló el afán de paz y se llevó la convivencia. Perdimos la orientación cuando todo comenzó a resolverse desde la ciudad, y lo que es peor desde las capitales y los capitales¬, que inventaron su nueva forma de avasallar: La acumulación de la ganancia, cueste lo que cueste, con la coartada del progreso y el bienestar. Vamos en el sentido opuesto a la dirección señalada por las cosmogonías ancestrales, mientras la naturaleza siempre nos recuerda la búsqueda febril del éxito de los desarrolladores. Los responsables nos arrastran a una realidad sin regreso; las gerencias comerciales se desbocan sin piedad porque el control estatal es realmente una anécdota. O, dicho de otra manera, los nuevos regentes son los administradores privados de la tierra; las usinas prosperan a pesar de las emergencias medioambientales y la noticia de que unos cuantos luchan en sus propias puertas”.

RICARDO FUENTEALBA – FABIO