La destacada artista visual Camila Ramírez revisa la noción de productividad y trabajo. Se pregunta sobre las construcciones sociales que se generan en torno al fracaso y al éxito, a lo eficiente y lo ineficiente, proponiendo que el encuentro de la sociedad genere nuevos espacios de acercamiento que no funcionen en la lógica de lo productivo.

Escultura, performance, video, instalación y gráfica formaron parte de Perder el tiempo,  y que busca materializar un imaginario en torno al valor del juego y el tiempo de ocio, cuestionando la noción de productividad y trabajo a la que se ha asociado el desarrollo y el progreso.

La pieza central es una escultura tipo trepador, clásico juego de plaza infantil, esta vez construido en forma de A como referencia al emblema utilizado por la Unidad Popular. La escultura se activa con el movimiento de cuatro cuerpos que trepan, chocan y dialogan entre sí, creando un registro audiovisual que se reproduce en cinco pantallas desplegadas en la galería.

Una gran fotografía tipo puzle de 240×120 cm acompaña esta construcción. En la imagen, tomada el año 71’, puede verse una multitud en el Paseo Bulnes. Otras cuatro gráficas intervenidas con consignas del gobierno de la UP acompañan la muestra. Todas creadas a modo de rompecabezas, contrastan el proceso de ocio y la pérdida de tiempo de su armado con mensajes que aluden a la producción como un símbolo de progreso.

Desafiando nociones preconcebidas

 Si bien la obra de Ramírez ha venido trabajando en torno a problematizar la idea de lo colectivo y la comunidad, esta vez la artista aborda una perspectiva más crítica, cuestionando la idea de lo que definimos por progreso: “Creo que lo novedoso, en relación a mi trabajo anterior, es poner en crisis la idea de la UP como un proyecto que posicionó solo al trabajador como el gran agente revolucionario”. Desde esa vereda, la artista nos invita a cuestionar cómo podemos generar comunidades que permitan encontrarnos y ser nosotros mismos sin anular nuestras diferencias, tal como los cuerpos que se comunican, chocan y encuentran en el trepador.

 “Al perder el tiempo ganamos más posibilidades de encontrarnos y romper el paradigma de lo eficaz y lo exitoso, que es lineal y normativo. Lo productivo hoy nos otorga el valor de lo que importa y lo que no importa. Al desvanecer esa lógica, se empiezan a armar otros parámetros para vernos”, explica.

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