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Paisajes para desviar el pensamiento 09/12/1997 - 31/12/1997 María Paz García / Víctor Pavez EL PAISAJE: UNA INVITACIÓN AL CUESTIONAMIENTO

“Paisajes para Desviar el Pensamiento”, una nueva mirada sobre la experiencia estética totalizadora, que toma el paisaje como soporte conceptual, más que como una imagen arquetípica de la naturaleza, exhibieron los jóvenes artistas María Paz García y Víctor Manuel Pavez en diciembre de 1997 en la Galería Gabriela Mistral (Alameda 1381).

Ambos artistas, licenciados de Arte en la Universidad Católica con mención en pintura, trabajan básicamente con el paisaje a través de la pintura y las instalaciones. Es una manera de representar temas de la pintura que implican otras ideas. Por lo tanto, lo que está en juego en la obra es el concepto de paisaje. Debido a esto en algunos cuadros no hay paisajes propiamente tal, sino alusiones a un espacio específico.

“Nuevamente los jóvenes remiten a un tópico clásico del arte y la academia – el paisaje – con códigos visuales que desmontan la imagen de una pintura retiniana y meramente placentera”, señaló Luisa Ulibarri, Jefa del Departamento de Programas Culturales y Directora de La Galería Gabriela Mistral.

Víctor Manuel, quien ha realizado exposiciones individuales y colectivas tanto en Chile como en Argentina y Francia, exhibió una serie de 32 pinturas desarrolladas entre 1996 y 1997 que denomina “Home Range”, basada en la figura de la rosa de los vientos, donde analiza el concepto de paisaje en relación a la pintura.

Las imágenes que pueblan su trabajo plástico son de diversa procedencia. En su mayoría son versiones pictóricas de fotografías de distintos lugares de Santiago y de otros registrados en variados medios y tiempos. Fundamentalmente representan sitios que demarcan algún tipo de frontera o margen, según señala Pavez. Los paisajes urbanos corresponden a avenidas que separan barrios o ciudades, cauces de aguas que atraviesan la ciudad como el río Mapocho y el canal San Carlos. Otros provienen de viajes a lo largo de Chile. “Muchos de estos sitios marcan lugares claves de mi historia personal”.

En esta obra Pavez tomó partido por el lugar pero con una mirada casi de científico naturalista que, por su objetividad, pareciera poner en duda esta elección. La noción de paisaje y la pintura de paisaje se construyen sobre una combinación de antecedentes que gatillan una reflexión sobre la cuestión de origen. Es una invitación al cuestionamiento, no a la afirmación concluyente.

Junto con las pinturas, Pavez presentó una instalación que consiste en una escalera de pintor de brocha gorda, que en la base en vez de tener un tarro de pintura, tenía un cuadro de un paisaje. Del mismo tamaño de este cuadro había una mancha negra oscureciendo el extremo superior derecho del muro que servía de fondo de esta instalación. Ello a modo de imagen irradiada de televisión. Con ello quiso poner en cuestión el tema de las instalaciones con respecto a la pintura de caballete.

A juicio del artista, pareciera ser que la pintura hoy es una disciplina consagrada solamente a la decoración. “Lo que hago es cuestionar esa noción y planteo en forma irónica que el artista que monta una instalación es tan pintor como un artista que pinta en caballete”.

EL OJO SIN ESCONDITE
En tanto María Paz García, quien ha presentado sus obras en Chile y en el extranjero, mostró una serie de cuadros de dormitorios. Se trató de cinco óleos, todos del mismo formato, por medio de los que hizo un estudio de la subjetividad de la mirada. “Lo que yo pinto son dormitorios de personas vistos a través de sus propios lentes ópticos. La idea es usar el defecto óptico como una analogía del mundo subjetivo de las personas”.

El especialista Ricardo Loebell señaló que la obra de esta artista adhiere al instante en que la subjetividad se pone en tela de juicio y desde la mirada óptica se simula la subjetiva con el lente del otro. “Si ella rebaja la nitidez, el proceso linda entonces en una imagen difusa que afronta la corteza de una objetividad inmanente. Su trabajo discurre a través de una estética en que las impurezas del ojo conllevan la obra a un nivel sinestésico y de trascendencia comunicable”.

También expuso una instalación que contemplaba la proyección de un video sobre un telón en movimiento. Son dos telas con la misma trama que al estar juntas formaban una nueva, una mezcla óptica en movimiento, denominada Muaré, generada a través de un sistema de ondas. Sobre éstas se proyectaba un video, una panorámica de las planicies de Punta Arenas, que se repetía reiteradamente hasta el infinito, cuya velocidad contrastaba con la del movimiento del telón.

Explicó María Paz que este es un paisaje alejado de lo que uno está acostumbrado a ver, que refleja la idea de la amplitud del lugar, contrapuesto a la sala cerrada de la Galería o con la hermética ciudad de Santiago. Este contrapunto, dice, pone de manifiesto el hecho de formar dos tiempos en un mismo soporte. Es como la multiplicidad de la mirada. Descargar Catálogo