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Maule Post Sentimental 26/09/2000 - 17/10/2000 Rubén Reyes, Mauricio Gutiérrez, Loreto Pérez, Reinaldo Villar UNA APUESTA SIN FRONTERAS

La cuarta exposición programada para el año 2000 por la Galería Gabriela Mistral, correspondió a una colectiva de artistas de la Séptima Región. La muestra se inauguró el 26 de septiembre y permaneció abierta hasta el 17 de octubre.

Esta muestra responde a una nueva apuesta de este espacio cultural, que desde 1990 a la fecha ha entregado decisivos nombre de artistas jóvenes a la escena plástica contemporánea, la mayoría de ellos integrados hoy al circuito de exposiciones nacionales, internacionales, bienales y otros.

DE INSTALACIONES, UMBRALES Y FLUIDOS

El trabajo de este grupo de artistas de la Región del Maule se sustenta en la elaboración de un sistema de producción artística, cuya centralidad es la experimentación y la investigación de materialidades. Su quehacer ha ocupado una dimensión multimedial de puesta en escena y montaje, la cual nos muestra la cercanía/distancia de la tematización de la identidad bajo el sesgo de la regionalización en los ámbitos políticos, social, económico y cultural.

Su propuesta para la Galería Gabriela Mistral pasó por una visión estilística deudora del reciclaje del vínculo con lo local, mediante instalaciones que articulaban la espacialidad de la galería, los temas de la provincia, despojados del barniz del pintoresquismo y sin inocencia frente a lo propio.

Esta colectiva nos presentó cuatro muestras, aunque distintas, íntimamente relacionadas entre sí. Es así como Rubén Reyes expuso “Extasis”, trabajo que nos remite a dos pololes que tematizan los ámbitos de los privado (intimista/biográfico de Reyes) y, por otra parte, lo público.

El soporte de su trabajo estuvo dado por “la columna” de la sala nº1, la cual estará recubierta de paja. También parte de esta misma columna estuvo revestida de 10 forros de colchones (colocados en su lado inverso), amarrados por pantys elásticas; sobre estos forros iban cosidos múltiples trozos de papel higiénico, impregnados con el semen del artista.

Para Rubén Reyes, su muestra daba cuenta de un permanente referente autobiográfico. “Hago una recopilación de forros de colchones de lana usados por mí y mi familia, una recopilación de mis propias masturbaciones, una recolección de conchas de jabón usados en mi higiene personal, colección de piedras de tierra desde el jardín de mi casa. Toda esta seire de acumulaciones quieren dar cuenta de mi experiencia de vida, como una manera honesta de querer expresar algo”.

Todo este proceso de acumulaciones daba cuenta justamente del elemento conceptual del grabajdo que es la “seriación”, lo cual nos permitió ver en Reyes su formación como grabador de la Universidad Católica y su oficio de tipógrafo y editor del periódico “El Lontué”.

Dentro de la misma sala, nos encontramos con el trabajo de Loreto Pérez, “Lumbral”, el cual ocupaba la conexión entre ambas salas, retomando el pasaje entre lo privado (las pinturas sobre el muro, cual marco que bordea la puerta) y lo público, en el enfoque post-fotográfico del material reciclado desde sus anteriores instalaciones.

Para Loreto el trabajo que desarrolló “parte del registro de retratos de personas de la ciudad de Talca y de sus estados dentro y fuera de la galería – lo provado y los público – interrogando al espectador a través de su propia imagen, invitándolo a develar la mirada como un largo rito inicial del viaje. Desde la serie “Registros” 1996-1998, donde inicié la selección de material residual fotográfico de las oficinas de identificación.”

Para Reinaldo Moya, curador de la muestra “Maule post-sentimental”, el trabajo de Loreto sustenta la tematización del trajín del viaje y la virtualidad del andamiaje de todo viaje, o de toda posible elevación de un retrato idóneo “o apto” para su captura como retrato.

MUSEO IDÍLICOS Y AUTOCRÍTICA DE AVANZADA

La sala dos estuvo ocupada por Reinaldo Villar y Mauricio Gutiérrez. El primero recreó la tercera visión de su indagación estético-antropológica, que se configuró en la calidad de obra en proceso, denominada “Museo de Arte Contemporáneo de Edén”. A su vez, Gutiérrez retomó la propuesta monumentalista que ha caracterizado su trabajo como instalador. Los materiales provenían de los envases utilizados en la agroindustria.

La obra de Mauricio Gutiérrez se tituló “Packing” y según sus palabra: “Es una reflexión en torno al oficio de “hacer arte”; conecto lo que es una “escuela de arte o centro manofactura artística”, con un espacio de trabajo también “artístico” en el sentido de desarrollar las “habilidades manuales” que poseen las temporeras. Su sentido del gesto, del oficio, de hacer bien su labor”.

El interés de Gutiérrez pasa por conectar los grandes centros mundiales con la provincia de un país pequeño y “lejano”. Para esto utiliza cajas de exportación de manzanas, que en su gráfica llevan la palabra “apple” repetida varias veces. Aquí el artista trabaja lo que es la fruta bíblica, la cual está íntimamente ligada a la mujer y para potenciar ese carácter de presencia femenina, sin ser una obra femenina, utiliza cubriendo las cajas un material de encaje, (sinónimo vulgar de penetración).

Por su parte Reinaldo Villar cuestiona en tono irónico el espacio museológico como lugar de conservación del arte. Para el expositor “El espacio museo nos hace ver la diferencia entre arte y no arte. El museo convencional es como una vitrina de una tienda comercial; objetos valiosos por su marca (o apellido) que otorgan un status y que son apetecibles; resguardados con elementos de alta tecnología (alarmas, climatización) presentados con gran despliegue de iluminación, color y ambientación a cargo del personal especializado y guardias de seguridad. Todos tienen acceso al museo, todos tienen acceso a la vitrina. Asignando a la obra de arte un valor fantásticamente elevado, el museo se convierte en el complemento y garante de las galerías y de las ventas, así como de un mundo de artistas, coleccionistas, expertos, agentes de remates y curadores”.

La idea principal de esta instalación es ironizar sobre el “espacio museo”, mostrando rollos de alambre y perros de ropa, objetos cotidianos que podrían definirse como periféricos.

Villar nos enfrenta a la interactividad entre el artista y las personas que donan sus objetos para dicha instalación. La ironía de su propio trabajo nos sirve como un trampolín que nos hace encara a la crítica del proceso comercial del arte de vanguardia. En conclusión, se trata de un trabajo con cuestionamiento propio.

Para Luisa Ulibarri, Direcora y Curadora de la Galería Gabriela Mistral, esta muestra señaló un sentido auténtico de inserción de la región en un proyecto curatorial como el que ella eligió, desde propuestas autónomas absolutamente identitarias de la región del Maule. En este sentido, “mi opción por elegir a este grupo, fue diametralmente opuesta al paternalismo y el sempiterno sentimiento de culpa que tiene Santiago con las regiones. La muestra equivale a una complementación real y forzada entre el centro y la periferia”, destacó la creadora del espacio. “No se trata de crear galerías Gabriela Mistral en las regiones sino invocar el encuentro de postulados similares desde la óptica geográfica diversas del país”, concluyó Luisa Ulibarri, creadora del espacio de arte contemporáneo.