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Corpo a Corpo 25/04/2000 - 31/05/2000 Silvano Rubino LA TENSIÓN ENTRE LA IMAGEN Y EL CUERPO

Con la presencia del artista veneciano Silvano Rubino, la Galería Gabriela Mistral, de la División de Cultura del Ministerio de Educación, inauguró el 25 de abril su muestra “Corpo a Corpo”. Diario di un delirio”, que permaneció abierta al público hasta fines de mayo. El creador fue contactado por la directora de la galería, Luisa Ulibarri, en el marco de la Bienal de Venecia 1999, como parte de un programa iniciado el mismo año, destinado a dar a conocer en Chile la obra de destacados exponentes internacionales del arte contemporáneo.

Silvano Rubino (Venecia, 1952), diplomado en el instituto Estatal de Arte de Venecia (sección Frescos), obtiene su título de profesor en la Academia de Bellas Artes de la misma ciudad en 1976. A partir de 1982 colabora con algunas compañías de teatro y danza como escenógrafo y vestuarista. Desde 1990 a 1996 vive alternadamente entre Venecia y Curitiba (Brasil), donde tiene la oportunidad de conocer artistas y críticos de arte contemporáneo brasileños. Es invitado a exponer en espacios institucionales con proyectos muy desafiantes e investigativos, ocupando siete salas del museo de Arte Contemporáneo de Curitiva y otras tantas en el Solar de Barao de la misma ciudad.

En 1993 presenta la exposición “Proyecto Kafka”, homenaje en objetos e instalaciones al escritor de la poética de lo imposible, con motivo de los 110 años en que se metamorfoseó en ser terrenal, utilizando como hilo conductor un fragmento del manuscrito de Kafka “Carta al Padre”, carta que el padre nunca llegó a conocer y que para Rubino significa un acto de acusación que quedó entre el deseo de decir las cosas y la angustia de no conseguir hacerse escuchar.

En Río de Janeiro expone en el Solar de Grand Jean de Montigny en la Pontificia Universidad Católica. Desde 1995 produce algunas performances con la bailarina contemporánea Martha Rubino. A partir de 1997 vuelve a Venecia donde vive y trabaja, continuando su colaboración con la galería Lipanje Puntin de Trieste, considerada una de las más importantes entre las nuevas galerías italianas. Desde 1996 ha trabajado con las nuevas tecnologías digitales en el ámbito de la foto y el video, medios que usa separadamente o contextualizando una o la otra en operación de instalación.

EL LEVITAR DE LOS EVENTOS TERRENALES

Con “Cuerpo a Cuerpo. Diario de un Delirio”, Rubino nos instala frente a la ausencia del cuerpo, las imágenes corpóreas que carecen de sustento carnal y la imposibilidad de tomar posesión de ciertos objetos que nos son cotidianos.

Dentro de este contexto el artista presentó en la primera sala una cama deshecha, posiblemente habitada por un personaje imaginario que, suspendida del suelo y amarrada a un gancho por un cable de acero, se elevaba como metáfora de ciertos eventos terrenales, lo que confrontaba con un estado de dramatismo, cual si se tratara de un lecho de sufrimiento y de muerte.

Acompañaba a esta cama una caja de plexigas, penetrada por un pliegue de la sábana, la que se empapaba de rojo, mojándose del calor de algo que recuerda un líquido orgánico, que se levanta como un contenedor del cuerpo ausente. Un cuerpo marcado con signos, surcado por los acontecimientos y cicatrizado por el tiempo.

A este respecto la crítica italiana Sabrina Zannier señala: “Esta es una expresión que guarda en sí una doble connotación, ya que alude a un encuentro, que por un lado desemboca en una lucha y, por otro, es una fusión física, sentimental, emocional. Es un título que bien representa la entera obra del autor veneciano y, en particular, el proyecto de esta exposición. Proyecto que desde su puesta en escena subraya la doble relación de polaridad y contradicción entre dos preceptos, desde siempre inherente en esta obra que deriva en una retroalimentación capaz de expresarse con tonos fuertes y más explícitamente narrativos".

La distorsión de los objetos cotidianos se hizo presente en la segunda sala, donde nos encontrabamos frente a la instalación de una larga mesa negra, con video-proyecciones y fotos, las que se alzan como una transgresión del espacio, tanto en lo que concierne al estímulo visual, como al punto de vista visual y emocional. En esta contraposición entre el blanco-ausencia-de-una-presencia-pasada y oscuridad-presencia-en-acción se lee una referencia a la escena cinematográfica que se cumple en la oscuridad de una sala para descontextualizar el acontecimiento propuesto en todas las historias del público que lo mira, por proponer un mundo ficticio, más paralelo al real.

De esta forma Rubino nos sitúa frente a una verdadera metáfora visual. Mientras primero se expresa sustancialmente bajo el signo del blanco, de la ausencia y de la inmovilidad, posteriormente deja entrar a su trabajo el negro, la presencia y la acción. A este respecto Ricardo Caldura, crítico de arte señala: “Las luces, la profundidad del negro, apelan a un fondo barroco del cual emergen aisladas las personas y las cosas”.

Desde el susurro y desde las huellas pasa a la concreción de una acción ya antes intentada con las performances, pero bloqueada en la inmovilidad de una imagen dedicada a la dimensión espiritual. No se trata de invertir la ruta, ya que el artista no hace otra cosa que revelar lo oculto, pero ya contemplado en el trabajo anterior, siempre en nombre de esa comunión de los contrarios que traza el surco de toda su obra.

Para Antonio Arévalo, crítico de arte chileno radicado en Roma, la obra del artista italiano es un perpetuo recorrido desde la esfera del cuerpo. Es esta búsqueda del equilibrio la mayor característica de su poética y es el principio que está en la base de la forma. No logra ser descifrado por medio del pensamiento, sino que, o sólo y exclusivamente, excavándolo, porque son presencias, pero presencias impalpables.

Para Luisa Ulibarri, directora y curadora del Galería Gabriela Mistral, la visita de Silvano Rubino fue una responda a la necesidad de acercar al público y a los artistas nacionales a las manifestaciones actuales que adquiere el arte contemporáneo en otros países. “Es poco o casi nada lo que se conoce en Chile de la obra de nuevas generaciones de creadores italianos. En este sentido –agrega- Silvano Rubino emerge como un valor que juega con el estímulo visual, el cuerpo, las manos, el rostro, los objetos poéticamente distribuidos en el espacio, como naturalezas muertas de presencias y ausencias en la búsqueda de representaciones minimalistas, pero rotundas”.

A su juicio, la poética del creador veneciano se adentra hacia el encuentro del equilibrio entre los eternos contrarios, luz y sombre, cuerpo y alma, día y noche, blanco y negro, vida y muerte.