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)co-incidencia( 26/05/1998 - 24/06/1998 Virginia Errázuriz/ Ricardo Villaroel/ Francisco Brugnoli/ Francisco Sanfuentes/ Sergio Rojas La calle, los límites y la relación entre arte y vida son los conceptos que utilizaron en sus trabajos cinco destacados artistas plásticos, que tienen una gran cercanía con el arte experimental y que expusieron en la Galería Gabriela Mistral. Virginia Errázuriz, Ricardo Villaroel, Francisco Brugnoli, Francisco Sanfuentes y Sergio Rojas, desde su propia óptica, exhibieron sus proyectos en este espacio público que es la galería.

Ellos intervinieron la galería desde los distintos lugares de sus obras, de manera que el movimiento fuera del exterior al interior. La idea era ver qué pasaba con ésta y diez pasos más afuera. Es el lugar del arte tomado como un espacio abierto a la calle. Y fue la calle el tema de este montaje de individualidades, donde cada uno desarrolló el tema desde su propia óptica.

Uno de los elementos importantes dentro de las obras de estos cinco expositores fue la luz, que la usaron como red de conexión entre todos los trabajos. Además, los unió la manera de enfrentar el arte y su cercanía con el arte experimental, más de búsqueda.

“Más allá de la calle es la reflexión sobre la ciudad como soporte, como armazón y como vericueto de la razón”, señaló Luisa Ulibarri, entonces directora de la Galería Gabriela Mistral. “Citando a Walter Benjamin, los artistas dicen que importa poco no saber orientarse en la ciudad. Perderse, en cambio, requiere aprendizaje”.

Para Ulibarri, el levantamiento topográfico de los puntos que circundan a la Galería realizado por los actuales expositores –sus calles cívicas, sus plazas-ingresó en esta propuesta visual, instalando la reflexión de la antigua aldea, hoy agobiante en circuitos sin roces, sin paisaje y sordos de bullicio. Y como dice Italo Calvino, autor presente en una de las obras exhibidas, está la “Ciudad que no se borra de la mente”, y en cuyas casillas cada uno puede disponer las cosas que quiere recordar, concluye.

LA ÓPTICA DE 5 ARTISTAS

Virginia Errázuriz define sus trabajos como una serie de objetos que instala como tal y al mismo tiempo intervienen el espacio. Ella elaboró una serie de barquitos con todos los boletos de micro que, según señaló, en si no tenían ninguna significancia, pero que lo importante fue el tiempo de arte. “He transformado la micro en taller”. Estos boletos se mostraron como referencias con respecto a esto y eran dibujos que salen de ahí.

Otro trabajo se refierió a objetos recogidos en la calle, que iban desde la virgencita o libros hasta una postal de Santiago. Eran como señas que uno descubría, recogía y se las apropiaba y trasladaba a la galería por medio de un sistema de operaciones.

La obra de esta artista contempló un primer cuerpo que tenía un espejo como esos que llevan las micros en el interior, rodeado de ampolletas de luces amarillas, como la escenografía que arman en los buses. Otra obra estaba compuesta de un estante que instaló en la galería, que contenía los pequeños objetos recolectados en la calle. Ahí estaban también los barquitos realizados con los boletos de micro. Por último, en cuatro atriles de música iban las fotos tomadas en la calle, que eran apropiaciones, como las llamó. Estas estaban iluminadas con pequeños focos de luces.

En tanto que Ricardo Villaroel, que trabajó con luz y sombra, contempló un texto de Italo Calvino de 4.50 metros pegado al muro. En el piso y armando un ángulo, instaló cinco bloques de ladrillos fiscales separados unos de otro, y a una distancia de 72 cms. se ubican cinco focos halógenos frente a cada uno de estos muros y al texto de Calvino. La segunda obra consistió en una fotocopia de una fotografía de un diario nacional ampliada por el mismo medio. Esta imagen se traspasó por partes separadas entre sí, al modo del grabado, sobre módulos separados de cartón piedra, formando una pieza de gran formato, que estaba iluminada con tres focos halógenos.

El grupo utilizó un plano de Santiago que se superponía en la galería y el poste que existe en la primera sala lo usaron como si fuera la Plaza de Armas. A partir de este punto ellos buscaron sus ubicaciones de acuerdo a ciertos intereses de zona del plano centro de Santiago.

TRES MIRADAS

En sus trabajos Francisco Brugnoli usó la Plaza de Armas como el centro desde donde tomó fotografías de cuatro puntos de Santiago, miradas que tienen que ver con el vagar, con el caminar. Se trató de miradas distintas con diferente ángulo, hechas sin afán de tener una foto demasiado organizada, pero que tenían que ver con la trama de la fundación de Santiago. Fueron tomadas como a 300 metros desde la Plaza de Armas y de acuerdo a los puntos cardinales. Sobre cuatro cubos de acrílico, sobre armazón de madera, que se desplazaban con respecto al pilar central de la galería, estabanlas fotos de estas tres miradas que corresponde al frente arriba y abajo, iluminadas por ampolletas, tres de cada cubo.

El trabajo de Francisco Sanfuentes estuvo basado fundamentalmente en la luz. Sus dos ejes principales fueron la luz como red eléctrica y el chorreo de pintura negra: Éstas fueron las ideas básicas. Su obra estuvo instalada arriba en el muro como a tres metros de altura y contemplaba cables con cinco ampolletas en forma de columna, que caían junto al chorreo de pintura negra por el muro. La otra obra era solo cables que llegan a un racimo de ampolletas. “Los cables se acumulan, como algo que viene de afuera, suben en un intento por elevarlo a la dignidad de ícono, pero no se sostienen y caen, explicó.

Según el artista, lo que pretendía hacer era tomar las cajas de iluminación de donde salen una serie de cables que recorrían la sala, subían a llevar la mirada hacia arriba y que luego se precipitaban en una especie de charco de ampolletas. De esta manera la galería pasó a ser como un terminal de lo que está pasando afuera, enfatizó.

Por último, Sergio Rojas escribe un trabajo general sobre la calle, basado en las conversaciones que el grupo ha tenido y al mismo tiempo produjo una obra, un objeto de gran formato que tenía que ver con la ampolleta.

Era un bloque de gran formato adosado al muro y trabajado con unas palmetas. Cada una de ellas tenía un orificio con casquete, son ampolletas sin cubierta. En las palmetas iban en forma manuscrita una serie de palabras, además de tres frases impresas: “Erase una vez”, “Y entonces”, “Y así cómo”. Era un verdadero texto filosófico tratado desde la escritura y desde la visualidad, complementándose texto escrito y visualidad.