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Walking Around 28/07/1994 - 31/08/1994 Bruna Truffa / Rodrigo Cabezas Las creaciones de Bruna Truffa y Rodrigo Cabezas expuestas hasta fines de agosto de 1994 en la Galería Gabriela Mistral, entonces del Ministerio de Educación, representaron un viaje por la vida simbolizado en grabados y una serie de ensambles de telas pintadas al óleo que conformaban objetos tridimensionales de grandes formatos. Se trató de la muestra titulada “Walking Around”.

“El trazado es el mapa”, escribieron estos dos jóvenes artistas que venían trabajando juntos desde hace una década. Él, en blanco y negro; Ella en colores. Cada una de sus obras debela el recurrente sentido de movimiento, de constante hacer y deshacer que se refleja en estructuras modulares que, como dijo Rodrigo Cabezas “evocan una sala de juegos monstruosa”, pero que al desarmarse se reducen a formatos planos: “es como hacer una maleta”. “Tienen que ver con el fin de siglo, con una imagen desencantada”, comentó.

Sin embargo, a la par con una concepción nihilista en que predominan las sombras junto a calaveras y serpientes, aparece el color de Bruna con sus leyendas: “Caída Libre, “descenso lento”; “Emigrar”, “es partir, es trazar el viaje”; “Soledad”, tristeza y partida o “Rosa de los vientos” (Cruz del Sur” en los grabados de Rodrigo Cabezas), “gira, gira y gira con rapidez…”. Ambos artistas constituyeron un binomio, una dupla de contraposiciones no sólo en la opción cromática.

“Contraponemos visiones en conflicto que no son concluyentes”, explicó Rodrigo. “Ni concluyentes…”, agregó Bruna.

Su estadía de casi seis años en el circuito madrileño (España) fue determinante en su bitácora existencial y plástica, no sólo por su paso por el Instituto de Estética y Teoría de las Artes dependiente de la Universidad Autónoma de Madrid entre 1991 y 1993. Desilusionados por los actuales discursos, emprendieron con “energía y vitalidad” la construcción de símbolos visuales ya que “la pintura es el único sistema de representación poético no racional para seguir narrando”.

Discutieron técnicas e ideas que al final se convirtieron en códigos donde también estuvo presente la “metamorfosis” propuesta por Bruna en figuras de mujeres con cabezas de animales. Otra forma de viaje como el “no saber dónde empieza la obra y termina mi vida o donde empieza mi vida y termina la obra”, contó ella, quien desde que aterrizó en el norte de Chile recibió la influencia “del arte precolombino, los ritos de los indios y los paisajes”.

“Lo de Rodrigo es la sombra y lo mío es la luz”, dijo.

Se trató de formas dinámicas con “una carga simbólica que van en directa relación con la vida, con las sensaciones, emociones, con procesos y lo que marca el tiempo”, señaló Bruna.

Así sucedió, por ejemplo, en la combinación de la Torre de Babel (estructura piramidal de madera de hexágonos sobrepuestos) y la torre gris, en contacto con la muerte, donde se unían Madrid, Arica y Santiago. O en la “Casa” de paredes en que siguía en tensión el caos y el plácido deslizamiento de figuras y entornos. Al final, lograban un relato coherente de formas fragmentarias.

Información extraida de Diario La Época (agosto, 1994)